
“Habrá incertidumbre hasta el último día”, era el comentario generalizado y el pronóstico quedó confirmado con el final propio de un “thriller” que se vivió en Roma, con la caída del líder Denis Menchov a 900 metros de la llegada.
Desde un principio los favoritos fueron Basso, Armnstrong, Di Luca, Leipheimer, Pellizotti, Menchov, Sastre, Simoni, cada uno por diferentes razones. El primer día de malla rosa de Di Luca hizo crecer su figura y alimentar la esperanza de que un italiano pudiera vencer el Giro del Centenario. La determinación de Danilo y su garra hacían delirar a sus seguidores, pero el día crucial de la crono de Le Cinque Terre, cambioó definitivamente la carrera. El ruso Denis Menchov demostró tener la fortaleza, la seguridad, la tranquilidad y frialdad suficiente como para controlar la carrera. Aguantó todos los ataques imaginables, en montaña y en el llano, donde se jugaban las bonificaciones de segundos. Nada parecía perturbar al ruso, ni siquiera los silbidos de los “tifosis” italianos. La gran batalla era entre Di Luca y Menchov, el resto peleaba por el tercer escalón del podio. A Roma llegaron tan sólo con 18” de diferencia y una etapa contrarreloj de 14, 4 Km, la especialidad de Menchov. Un recorrido trabado, muchas curvas y adoquines eran el escenario que completaban el Coliseo Romano, la Plaza de la República, La Plaza del Pueblo y El Vaticano.
Los mecánicos preparaban dos bicicletas, la de crono y la de ruta; los ciclistas probaban el recorrido y la mayoría elegía la de ruta por las características del circuito. Como si todo eso fuera poco se agregaba un ingrediente más a este electrizante final, la lluvia. Sol, lluvia, sol, lluvia y las especulaciones sobre quien sería el ganador aumentaban.
Los organizadores habían logrado su objetivo, el ganador se sabría recién en Roma. Lo que nadie imaginó es que la incógnita no sería develada hasta que la malla rosa cruzara la meta.
Di Luca usó bicicleta “común” de ruta y Menchov optó por la de crono. Así de diferentes son, en su estilo y en su temperamento.
El italiano puso todo en la crono, la gente deliraba en la calle, en la sala de prensa los periodistas ni pestañaban esperando los parciales del ruso. En los primeros kilómetros Di Luca había descontado 5” y parecía ir a más. Las primeras gotas comenzaron a caer luego de la partida de Menchov, el equipo Rabobank debía pagar el derecho de piso si quería descorchar champagne frente al Coliseo. Concentración y talento en la medida justa hicieron que Denis Menchov volara por los adoquines romanos y aumentara su diferencia. Faltando 900 metros para la llegada, la lluvia que en ese momento era intensa, la potencia de su pedaleada, un desnivel del piso y la caida…
Un grito unánime, luego silencio, la gente vivaba el nombre de Di Luca y de pronto aparece en escena Vincent Hendriks, el mecánico del Rabobank, que se convertiría en el héroe del día. En menos de 5” ya tenía otra bicicleta junto a Menchov y lo empujaba hacia la conquista de su primer Giro de Italia.
Giro del Centenario, un verdadero duelo de gladiadores. Fin.
Señores, pueden aplaudir.







